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NATURALEZA Y MEMORIA
1. LA NATURALEZA Y LA CELEBRACION DE LA VIDA Inspirada en la aprehensión de la energía espiritual presente en los fenómenos naturales, a menudo mi obra ofrece el tema del agua – la lluvia, el mar, el río, el manantial – como fuente de vida y renovación. A través de una escritura iconográfica evocativa, la metáfora de la naturaleza simboliza el tránsito de las estaciones y de los ciclos naturales, la fertilidad y la germinación, la metamorfosis y la abundancia, así como el florecimiento y el despliegue de la luz y el color como signos emblemáticos de estados interiores del alma, la celebración de la vida y los arquetipos más luminosos de la mente humana. Dedicada a trabajar en la pintura desde la adolescencia, es a mediados de la década de los ochenta cuando adquiero un estilo figurativo expresionista que concedía especial relevancia a la representación de la imagen humana. Hacia 1987 se produce una transformación iconográfica y emblemática, introduciendo un paisaje de contenido simbólico que se imbrica y se trenza con la figura en una estructura metafórica de gran carga simbolista. A la vez, la escritura energética de signo expresionista de la factura pictórica y la tensión dramática del contenido se reducen paulatinamente de modo significativo. Hacia 1989–90, el proceso deriva en un abandono gradual de la figura como referente formal y metafórico, al tiempo que incorporo nuevos motivos icónicos de tipo biomórfico y otras referencias emblemáticas, produciéndose un cambio esencial en el significado final de la obra. A lo largo de la década de los 90 se abre un camino a la ambigüedad biomórfica, así como a la sugerencia evocativa, al tiempo que se inicia un proceso de indagación en la búsqueda de signos linguísticos representativos y un lenguaje estilístico propio; lenguaje que voy dotando de contenido mental y emocional, vindicando al mismo tiempo el papel de los sentimientos, la imaginación y los recuerdos. En esta fase de investigación, que ocupa un período de varios años (los de finales del siglo XX y principios de XXI), va surgiendo poco a poco la serie denominada “NATURALEZA Y MEMORIA”, en la que doy forma visual y artística a vivencias interiores personales que tienen su origen tanto en la feliz comunión con la naturaleza como en la repercusión emocional que conlleva el hecho de que mi fuente de inspiración sea el mar Cantábrico y la naturaleza variada y fértil, verde y marítima de mi tierra natal, la Cantabria de mi infancia y adolescencia. En este período finisecular, aún a pesar de la incorporación de determinados signos de connotación figurativa, simbólica o emblemática –la esfera, la espiral, la semilla y el fruto, los azules y los verdes como referencias al mar y a la montaña, al jardín y a la huerta-, se excluyen por lo general los rasgos naturalistas más evidentes, así como la escritura mimética y narrativa. En lugar de ello, elaboro un lenguaje en el que los elementos iconográficos, el color, la luz, la gestualidad y los signos linguísticos convierten en representación sensible y categoría universal la evocación más íntima y biográfica, transformando las vivencias del pasado en materia artística y visual. La factura pictórica y la escritura iconográfica que se forjan en este período conlleva en algunos casos la desaparición de los contornos nítidos y definidos de las formas, la configuración estructural en franjas verticales, la utilización del blanco como un color y la querencia por los tonos luminosos. Incorporo las transparencias y las veladuras que trenzan elementos sígnicos y colores emblemáticos y recurro a la superposición y yuxtaposición de planos y formas que se imbrican mutuamente, dotando a la obra, tanto de luz y textura, profundidad y misterio, como de múltiples connotaciones y significados. Un mismo icono, imagen o sugerencia de forma está elaborado a partir de referencias conceptuales diversas: de este modo un signo estilístico puede tener su origen en dos o más evocaciones, ya sean figurativas, mentales o arquetípicas. Como si de un acto alquímico se tratara, aquello que es evocado a través de la imaginación y la memoria, y transformado a lo largo del complejo proceso mental y emocional que implica la creación artística, acaba siendo el soporte de otros contenidos y otros referentes, ubicados más allá de la simple experiencia personal originaria o la contemplación directa primigenia. De este modo, la expresión “NATURALEZA Y MEMORIA” hace referencia a un espacio reflexivo y vital donde se acrisolan emociones, experiencias y sentimientos relacionados con un territorio propio e íntimo, pero que acaba convirtiéndose finalmente en mítico y universal. Así, en un proceso de abstracción arquetípica y figuración biomórfica, se ofrece encuadre a los elementos artísticos, a los signos emblemáticos y a una representación evocativa sensible que adquiere visos de emocionalidad subjetiva capaz de conmover al espectador a través de la luz, la sugerencia del color y la delicada sensualidad de formas. Ocupado
el espacio pictórico por signos linguísticos más
o menos aislados, representativos o simbólicos, se establece un
juego de representaciones iconográficas semiabstractas dotadas
de connotaciones diversas y múltiples significados. |
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La
hoja–pluma de DÍA DE PLENITUD o la hoja–árbol
de HORIZONTE AZUL –fig. 2– señalan espacios de elevación
y ámbitos para la alegría.
En el “no–lugar” de UN LARGO VIAJE –fig. 3– emerge de pronto una referencia a un habitáculo humano (¿casa, pirámide, templo, refugio?) en el que pueden darse vivencias para la reunión, la hospitalidad, la curación, el amor o la despedida.
El símbolo de la luna, fruto o flor de SIN TÍTULO (DÍPTICO EN AZUL) se despliega sobre sí mismo en una bienvenida o en una ofrenda, sugiriendo, en su metáfora de feminidad, la evocación arquetípica de una dama oferente.
En PRIMAVERA ENCENDIDA -fig.5-, las formas flotantes pueden ser tanto acuáticas, como terrestres o aéreas (o una peculiar simbiosis): su ambigüedad biomórfica traslada la imaginación del espectador de un territorio a otro sin solución de continuidad, y sólo el hecho de que aparezca representando –casi excepcionalmente– un campo de color evocativo de un plano terrestre, señala la referencia espacial y simbólica, ofreciendo sin embargo una apertura mental a todos los demás signos que transitan y ocupan el espacio. El arco –umbral o pórtico, lugar de tránsito– establece relaciones simbólicas y arquetípicas entre el interior y el exterior, permitiendo un lugar para nuevas experiencias.
La hoja–concha–bóveda de LAS 4 ESTACIONES -fig.6- transita pacíficamente el cielo, ocupando el espacio de dos ciclos estacionales (verano–otoño, época de madurez y esplendor), permutando la coloración y sobrevolando dimensiones ignotas, al tiempo que invoca una referencia al tránsito del tiempo y al ciclo natural y establece un lazo de unión entre pasado y futuro.
La riqueza del fondo y del espacio, elaborados con una superposición de múltiples capas, veladuras, transparencias y pinceladas largas o fragmentadas, sirve de recipiente idóneo tanto para la ambigüedad de imágenes y referencias, como para la evolución y transformación de mi repertorio icónico. Gracias a la yuxtaposición y superposición entre los distintos elementos (superficies claras y oscuras, pasajes iluminados o en sombras, trazos continuos o divididos, imbricación de signos y planos, contraste entre formas abiertas y cerradas), los signos y ritmos ondulantes se corresponden entre sí, interrelacionándose con la estructura geométrica interna –ya sea oculta o evidente– de la composición, y dotándola tanto de equilibrio como de movimiento y cohesión interna. 2. DÍPTICOS, POLÍPTICOS Y OBRAS DE GRAN FORMATO En esta fase de investigación se tematizan, por tanto, elementos iconográficos básicos dotados de una variada riqueza significativa y se presenta la idea artística con su impronta gráfica, su interrelación de formas y planos y su conexión de relaciones, ofreciendo, por un lado, diversas connotaciones temáticas y, por otro, distintas interpretaciones sígnicas y metafóricas dotadas de una amplitud de lecturas que, en ocasiones, se simbolizan por la representación en DÍPTICOS de variados recursos formales y distintos hallazgos linguísticos. Estos dípticos presentan dos paneles contiguos, por lo general del mismo formato, que establecen un diálogo o una tensión dialéctica dentro de un conjunto unitario, buscando interrelacionar espacios y signos lingüísticos distintos en los que cada uno aporta una sensación y una sensibilidad diferente, pero sin renunciar a la unicidad. Se trata de evocar esos espacios internos de la mente o lugares del ánima donde el pensamiento de la dualidad parece establecer confrontaciones, pero que no puede ocultar, alterar o destruir la unicidad primigenia.
En estas obras se presenta un panel del díptico ocupado por un solo referente sígnico con una presencia dominante, mientras en el panel yuxtapuesto aparece un espacio configurado por un juego de formas más abstractas o etéreas. Esta dualidad puede resultar reafirmada por la interrelación de los colores (cálido–frío) -fig.7-, por el diferente ritmo (estático–dinámico), por las características de las formas (abiertas–cerradas) –fig.8-, por la factura y textura pictórica (densa–etérea) –fig.9– o incluso por la ausencia de color en uno de los paneles del díptico –fig.10-.
Sin renunciar a la Naturaleza y su referencia metafórica como leit-motiv de mi trabajo, las relaciones tensionales o de contraste entre elementos pueden establecerse, a veces, en dos obras distintas que forman pareja y pueden contemplarse juntas o cada una por separado –fig.11-.
Por otro lado, los dípticos no siempre expresan paradojas, contradicciones o tensiones dialécticas. En ocaciones, sirven para evocar diferentes secuencias de un mismo contenido o un mismo impacto energético –fig.12-.
Igualmente en obras de gran formato, o en trípticos –fig.13-, las secuencias visuales de la experiencia vital aparecen relacionadas y yuxtapuestas en planos divisionales como referentes sensibles de una vivencia subjetiva, configurando cadenas de relaciones.
En algún caso la imbricación de formas, planos, colores y pinceladas adquiere un diseño más complejo y una estructura espacial en la que se entremezclan las referencias iconográficas y la geometría interna de la obra –fig.14-.
1. OBJETIVOS Y METAS ARTÍSTICAS Con el fin de abarcar una sucesión de facetas representativas y significados múltiples, y con el propósito de establecer una orientación decisiva hacia un trabajo posterior, establezco un proyecto de investigación que implica: 1º
- por un lado, un desarrollo iconográfico y formal a lo largo de
una serie de dípticos y polípticos de formato mediano, que
supondría la continuación de la serie “NATURALEZA
Y MEMORIA”; y En este proceso de investigación –ya comenzado en el momento presente– aparecen soluciones linguísticas y propuestas iconográficas que estoy empezando a elaborar y que abren el espectro de posibilidades de forma ilimitada. Junto a las evocaciones y arquetipos que tienen su origen en la impronta que procede de nuestras relaciones directas con la naturaleza, surgen nuevas imágenes y nuevos referentes sígnicos que invocan el rastro que el ser humano ha proyectado y proyecta en su espacio vital y las huellas iconográficas que sus pautas culturales dejan y han dejado en su entorno. Se establecen relaciones de contraste o de conexión que vinculan arquitectura y paisaje, ámbito doméstico y ámbito natural, vestigios biológicos y presencias de grandes civilizaciones. Así se aprecia ya en obras que, aún habiendo sido empezadas tiempo atrás y que forman parte de la serie “NATURALEZA Y MEMORIA”, han sido finalizadas recientemente. Obras como “VIENTO SUR” –fig.15-, “EL VIAJE: ENCRUCIJADA Y OFRENDA”, “ELOGIO DE LA LLUVIA Y EL SOL” y otras en proceso ofrecen soluciones iconográficas que todavía no se encuentran en cuadros anteriores, aportando nuevas interrelaciones temáticas y expandiendo el abanico de sugerencias metafóricas.
Por otro lado aparece –como un motivo más de inspiración que ahora adquiere importancia– la idea, tan oriental del “cuadro dentro del cuadro” –fig.16 y ss.-: la fragmentación, división o subdivisión del formato unitario a modo de “ventanas” o cuadros interiores. Las divisiones o subdivisiones internas del espacio bidimensional permiten la interrelación, dentro de un mismo campo compositivo, de dos o más cuadros donde se proyectan motivos icónicos y referentes espaciales y se resuelven éstos con diversos recursos técnicos, al tiempo que se vinculan y se articulan visualmente en un todo.
Se busca por un lado la riqueza y variedad en el lenguaje sígnico y en las conexiones temáticas, y se pretende expresar una gran variedad de emociones y pensamientos abstractos, evitando destruir la unidad de la obra.
Se
incorporan nuevas imágenes –no sólo los íconos
culturales y las referencias a diversas civilizaciones– sino que
la misma figura humana (ya sea completa o mostrando fragmentos del cuerpo)
ha de ser incorporada a la estructura compositiva, articulándola
con el entorno y ubicándola de nuevo como importante referente
espacial. |
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Rosa
María San Román Santander – Madrid 2003 - 2005 |
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